Caso del descuartizador de Alcalá: la congelación del cuerpo de Daría impide hacerle la autopsia.

Derecho Penal en la Red 2019-02-10 03:00:00

Asesinada y olvidada. Ese ha sido el trágico final de Daría O. L., de 22 años, muerta, presuntamente, a manos de su expareja. El supuesto descuartizador, Manuel Moreno, el camarero «amable, simpático y muy profesional», de 42 años, se negó ayer a declarar ante la Policía. No quiere explicar los motivos que le llevaron a acabar con la vida de la joven, como apuntan todos los indicios, hace más de un año. Y a trocear su cadáver después para introducirlo en el arcón de la habitación que compartían en el número 3 de la calle del Camino de Santiago de Alcalá de Henares.

Ha optado por esperar a que los restos de la mujer hablen. Es decir, a que la autopsia, que aún no se le ha podido practicar a la infortunada, debido al estado de congelación del cuerpo, pueda despejar algunas incógnitas. Entre ellas, la fecha del presunto homicidio y cómo acabaron con su vida. Unos extremos que no serán fáciles de concretar debido al enfriamiento del cadáver, precisaron nuestros informantes.

En cuanto al móvil que pudo conducir al sospechoso a asesinar a su pareja, nada ha trascendido. Tan solo que las discusiones que el vecindario escuchó entre la pareja cesaron de súbito en una fecha indeterminada de finales de 2017. Eso, y que los paseos del cachorro –un pastor alemán– que compraron, al poco de mudarse a ese barrio situado en el centro de la Ciudad Complutense, cesaron. No se volvió a ver a la mascota ni a su dueña. Ambos se esfumaron a la vez cuando el animal tenía siete u ocho meses. «Se lo llevó ella a Madrid cuando rompimos», explicó el detenido, que está a la espera de pasar a disposición judicial, cuando le preguntaron por el can.

Algunas fuentes aludían a que las peleas podían obedecer a los celos de Manu, como le llamaban sus allegados, o a una infidelidad. Y que, en una de las disputas, él perdiera el control y la matara. Lo espantoso del caso es que el sospechoso estuviera conviviendo con los restos de la víctima más de un año, hasta que la denuncia de la madre de su novia, el 30 de diciembre pasado, llevó a la Policía a actuar. Las pesquisas condujeron enseguida a Manuel, un tipo «solitario pero sociable», con el que la joven convivía y que esta semana perdió los nervios al sentir el aliento de los agentes en el cogote.

Las malas relaciones que Daría tenía con su familia se agudizaron, según las mismas fuentes, desde que se marchó con su novio. Se desconoce si fue por la diferencia de edad o por otro motivo. A ella, menuda y atractiva, casi nadie la recordaba entre los residentes más próximos. De hacerlo, era por el perro. «Parecían padre e hija», decían el viernes los escasos vecinos del barrio en donde vivió la pareja, consternados por el espeluznante crimen.

«Ahora todo encaja. Seguro que Manu se deshizo del animal para que sus ladridos no alertaran de la atrocidad que cometió», explicaba una mujer. «¿Qué habrá hecho con él? ¿Dónde estará?», se preguntaba Luis Martín. Inmaculada González decía que uno de sus perros se alteraba cada vez que pasaba junto a la ventana de la habitación de la pareja.

Sorprende no solo el hecho de que la víctima pasara tan desapercibida en la zona sino también entre sus allegados. Que nadie la echara en falta desde octubre de 2017, cuando la Policía data su desaparición. Era la menor de tres hermanas adoptadas en Rusia. ¿No se relacionaba con ellas? ¿No tenía amigos ni compañeros de trabajo o de estudios? ¿El detenido la apartó de su entorno?

Lo cierto es que los alcalaínos aún estan digiriendo la tragedia.

ABC.