Caso Maje: la viuda negra de Patraix y su examante se sientan ante el juez tres años después del crimen.

Derecho Penal en la Red 2020-10-13 05:20:00

«Es la historia de amor más auténtica y apasionante que he vivido y la gente pueda escuchar. Esta carta es una declaración de amor hacia ti, te quiero por encima de cualquier obstáculo, de cualquier inconveniente, te quiero porque me llenas de vida y me haces sentir la mujer más importante del mundo. Tu Maje, tu bruja, tu fea... Pero al fin y al cabo... tuya!».

Es un fragmento de una de las cartas que María Jesús -Maje- y Salvador se intercambiaron antes de que ella le preguntara a su ya examante si mataría a su marido por ella y él le dijera que sí. Ambos serán juzgados a partir de este miércoles en la Audiencia de Valencia, acusados de asesinar al ingeniero Antonio Navarro en agosto de 2017.

La Fiscalía reclama una pena de 22 años de prisión para la esposa de la víctima -con el agravante de parentesco- y 18 para el supuesto autor material del crimen. Además solicita indemnizaciones de 250.000 euros para los padres y el hermano del fallecido.

Un juicio muy mediático -pasó de investigarse como un robo a bautizar a la procesada como la «viuda negra de Patraix»- que se desarrollará entre el 14 y el 30 de octubre, fecha en la que se espera que los nueve miembros del jurado popular anuncien su veredicto.

A lo largo de las trece sesiones previstas inicialmente, se interrogará a los acusados, se escucharán las grabaciones de sus conversaciones e intervendrán más de 60 personas, entre testigos y profesionales de la Policía y la Guardia Civil.

«Quiero que se muera».

Maje y Antonio, de 26 y 37 años en ese momento, se casaron en septiembre de 2016. Antes y durante el matrimonio ella mantuvo una relación paralela con cuatro hombres, entre ellos, Salvador, uno de los auxiliares del hospital en el que trabajaba de enfermera, veinte años mayor que la joven.

Esa relación causó en Salva, según el escrito de acusación del fiscal, «una situación de intenso enamoramiento y dependencia emocional hacia la acusada» quien, a lo largo de sus encuentros, le hizo partícipe «de los problemas que decía tener con su esposo, incluyendo episodios de violencia». Tanto es así, que cuando todavía no había cumplido un año de casada, lo convenció para matar a su marido el 16 de agosto de 2017.

No era el primero que se veía sometido a ese deseo de Maje. Otro de los hombres con los que Maje engañó al ingeniero -al que llegó a decirle que Antonio tenía cáncer- también asegura que la acusada le confesó que había pensado en acabar con la vida de su esposo. «Quiero que se muera, le deseo un mal, esto lo va a pagar caro», afirma Maje en un mensaje de Telegram enviado a su amante dos meses antes del asesinato.

Un plan urdido entre los dos.

El Ministerio Público no duda en ningún momento de que Maje y Salva planificaron paso a paso el asesinato del marido de ella. «En los días previos a la fecha acordada, el acusado se ausentó de Valencia con su familia» -estaba casado y tiene una hija-, mientras que, la noche anterior, ella envió un whatsapp a su marido explicando que estaría de guardia en el hospital en el que trabajaba como enfermera y, por tanto, dejaría libre la plaza de aparcamiento en el garaje.

De ese modo se aseguró de que él aparcara en el lugar en donde, a la mañana siguiente, le estaría esperando su cómplice. «Puxi. Ya en el hospital. Goza esa empanada hecha con amor», le escribió. Pero en lugar de estar de guardia, la acusada durmió esa noche con otro de sus amantes.

Antonio aparcó su coche de empresa en la noche del 15 de agosto. A la mañana siguiente, «siguiendo el plan convenido con la acusada», Salvador entró en el garaje muy temprano con una mochila donde llevaba un cuchillo, unos guantes y una toalla.

Cuando Antonio acudió a la plaza para recoger el vehículo -en torno a las 7.40 horas- se vio sorprendido por el ataque del acusado, quien «salió de su escondite, le abordó rápida y sorpresivamente esgrimiendo el cuchillo y, estando frente a él, se lo clavó repetidamente en seis ocasiones».

Las heridas en el corazón y los pulmones provocaron la muerte a la víctima en el instante. A continuación, Salva fue a un trastero que utilizaba en Valencia, se cambió de ropa y la tiró a un contenedor.

Siguiendo con el relato del fiscal, sobre las 13.30 horas del mismo día, antes de que fuera descubierto el cadáver, «los dos acusados se reunieron más de una hora en el domicilio de Valencia de una hermana de la acusada, ausente en esos días. Allí el acusado le relató los detalles de la acción homicida».

«Durante ese encuentro, la acusada envió mensajes de texto mediante la aplicación Telegram» al amante con quien había pasado la noche anterior «proponiéndole relaciones sexuales para esa noche». El cuerpo de Antonio lo encontró un usuario del aparcamiento dos horas más tarde.

Las infidelidades delataron a Maje.

En ese momento, la Policía todavía no conocía la existencia de Salva. De hecho, la investigación quedó en punto muerto hasta que sus declaraciones cruzadas ante los agentes y el descubrimiento de varias relaciones extramatrimoniales -con hasta tres teléfonos distintos- convirtieron a Maje en la principal sospechosa.

Hasta entonces, la viuda contestaba a las llamadas de familiares desconsolada por la muerte de su esposo, al mismo tiempo que mostraba su alegría en una conversación con una amiga, a la que afirmó que se sentía liberada.

Todo se tuerce cuando una llamada entre ella y Salva pone el foco sobre ambos y la Policía decide tenderles una trampa. El hermano de Antonio llamó a su cuñada y le dijo que las autoridades ya habían identificado al autor del crimen. Maje volvió a contactar con su amante, nerviosa. Él la tranquilizó. Se creía a salvo y pensaba que no lo estaban investigando.

Los dos procesados se citaron en una cafetería y dieron pie a su detención con el último detalle que faltaba: los agentes confirmaron que Maje entregó las llaves del garaje a Salva.

Un careo fallido y declaraciones cruzadas.

El interrogatorio de los acusados, cuyas versiones de los hechos han ido cambiando a lo largo del procedimiento, se producirá el 15 de octubre.

Tras su detención en enero de 2018, Salva se erigió como el único responsable del crimen para proteger a Maje. Ella, aunque en un primer momento se derrumbó y dio a entender que participó en el asesinato, culpó a su amante ante el juez. Ante ello, se realizó un careo pero ninguno quiso declarar en ese momento. Sin embargo, el acusado también cambió su versión de los hechos meses después al enterarse de que compartía a Maje con otros hombres.

El amante, herido, confesó entonces que el plan lo diseñaron los dos, que ella le dio las llaves del garaje y que acordaron que él se cambiaría el estado de Whastapp cuando hubiera matado a Antonio para que Maje lo supiese. Además, condujo a los agentes hasta el pozo ubicado en una finca de su propiedad en Ribarroja del Turia en el que había escondido el arma del crimen: un cuchillo de 15,5 centímetros de hoja, cuatro de ancho y un solo filo, comprado semanas antes del asesinato.

A partir de las escuchas telefónicas, del testimonio de los amantes de Maje y de las cartas que los acusados se han intercambiado en prisión, los investigadores han intentado buscar los distintos motivos que precipitaron el desenlace fatal.

El móvil de Salva pasa por liberar a su amada de un hombre que no la hacía feliz. El de la esposa de la víctima es más complejo. Maje sabía que si se separaba de Antonio perdería el piso que habían adquirido juntos en el barrio de Patraix de Valencia: él aportó 90.000 euros y ella otros 20.000. Además, la pensión de viudedad que le quedó rondaba los mil euros.

En cualquier caso, será un jurado popular quien dilucide la responsabilidad de ambos a partir del miércoles en la Audiencia de Valencia.

ABC.